Madre de la Iglesia y Madre de los hombres.
La Virgen no puede ser objeto de culto de adoración o latría (la adoración sólo corresponde a Dios). Pero sí se honra a la Virgen de una manera especial, a la que la Iglesia llama "hiperdulía" que es una veneración mayor a la que se da a los santos del cielo, ellos son objeto de culto de "dulía" o veneración.
María, Corredentora
Empleamos este término porque es tradicional. Si bien hoy se prefiere sustituirlo por la perífrasis «cooperadora en la restauración de la vida sobrenatural de las almas» (LG 61), o, según algunos teólogos, por «Socia del Redentor».
No se trata de un dogma; es sólo una verdad cierta como todas las que siguen.
Y enseña que María contribuyó al plan divino de la salvación de dos maneras: primero, cmo Madre del Redentor, ya que dándole carne humana le hizo posible el redimir al mundo. Y, luego, como nueva Eva: asociada íntimamente a la obra redentora de Cristo, colaboró en la resurrección espiritual de la humanidad (LG 56).
Esta colaboración no fue necesaria. La actuación del Redentor era completa y suficiente. Sólo que el mismo Hijo quiso dar a los actos de su Madre un valor corredentivo en orden a la salvación del mundo.
María, Reina
El Papa Pío XII proclamaba en 1954 (Centenario del dogma de la Inmaculada) la realeza de María y establecía su fiesta en la Iglesia. Este título no es metafórico; es bien real.
María es reina por una doble razón, que permite llamarla Reina Madre y Reina Consorte.
María es Reina por ser la Madre de Jesucristo, Rey de los Siglos.
María es también Reina porque fue la compañera del Rey Divino, asociada por Él a su propia obra. Algo parecido a las reinas esposas de los reyes.
Por ambos títulos tiene María una dignidad regia que la coloca sobre todas las creaturas, y la constituye en signo de esperanza cierta para la Iglesia peregrinante.
El Vaticano II ha dicho que María «ha sido exaltada por el Señor como Reina del Universo...y, ya glorificada en los cielos en cuerpo y alma, es la imagen y principio de la Iglesia que ha de ser consumada» (LG 59 y 68).
María, Madre espiritual
María se llama, y es con toda propiedad, la Madre de los hombres. También aquí por una doble razón.
La maternidad espiritual de María comenzó en el momento mismo de la encarnación del Verbo en su seno virginal. Desde que empezó a ser la Madre de Jesús era la Madre del Redentor y de todos los redimidos, hermanos suyos.
Asimismo, María es madre espiritual por su colaboración en la obra redentora. Madre es la mujer que da la vida a otro ser, su hijo. María nos ha dado a todos la vida de la gracia: cooperó activamente en la obra del Salvador, que fue restaurar la vida sobrenatural de las almas (LG 61).
Una forma especial de esta maternidad espiritual es el título de Madre de la Iglesia, es decir: de los fieles todos y de los pastores.
Así lo proclamó Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, y ordenó que el pueblo cristiano la honre e invoque con este título. El cual quiere decir que María cuida con solicitud maternal de la Iglesia que peregrina hacia el Padre.
María, Mediadora Universal
El Vaticano II ha escrito esta memorable página: «María, asunta a los cielos, no ha dejado su misión salvadora, sino que con su múltiple intercesión continúa obteniéndonos los dones de la salvación eterna. Con su amor materno cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad hasta que sean conducidos a la patria bienaventurada.
«Por este motivo, la Santísima Virgen es invocada en la Iglesia con los títulos de Abogada, Auxiliadora, Socorro, Mediadora.
«Lo cual, sin embargo, ha de entenderse de tal manera que no reste ni añada nada a la dignidad y eficacia de Cristo, único Mediador» (LG 62).
Esta es la tradicional doctrina de la Iglesia sobre la verdad conocida como: La mediación universal de María o María dispensadora de todas las gracias.
Se reduce a estos puntos:
·        Cristo es el único mediador.
·        Pero Él -no por necesidad sino por benevolencia- ha querido asociarse otros mediadores. Entre ellos, María.
·        La mediación de María fluye de un doble hecho: primero, su maternidad espiritual. Ésta exige no sólo la transmisión de la vida sobrenatural, sino también su conservación. Y segundo: su corredención maternal, que requiere la aplicación de la redención a cada uno de los redimidos.
·        Finalmente, como concluye el Concilio, «la Iglesia no duda en confesar esta función subordinada de María, la experimenta continuamente y la recomienda a la piedad de los fieles, para que, apoyados en esta protección maternal, se unan con mayor intimidad al Mediador y Salvador» (LG 62).
LG Lumen Gentium (Constitución sobre la Iglesia).
Santísima Virgen María
Otras Verdades acerca de María