Y el nombre de la Virgen era María. Digamos también acerca de este nombre, que significa «estrella del mar» y se adapta a la Virgen Madre con la mayor proporción. (SAN BERNARDO, Hom. sobre la Virgen Madre, 2).
Porque sólo Ella conjuró la maldición, trajo la bendición y abrió la puerta del paraíso. Por este motivo le va el nombre de «María», que significa «estrella del mar»; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, María dirige a los cristianos a la gloria (SANTO TOMÁS, Sobre el
Avemaría, 1. c., p. 185).
Con razón se la llama «María», que quiere decir «iluminada»: El Señor llenará tu alma de resplandores (Is 58, 11), y significa además «iluminadora de otros», por referencia al mundo entero; y se la compara a la luna y al sol (SANTO TOMAS, Sobre el Avemaría, 1. c., 182).
La palabra María significa en hebreo estrella del mar, y en siríaco Señora. Y con razón, porque mereció llevar en sus entrañas al Señor del mundo y a la luz perenne de los siglos (SAN BEDA, en Catena Aurea, vol. V, p. 36)
María, en idioma popular significaba: "La Iluminadora" (San Jerónimo M. 1.23,780).
En idioma arameo "María" significa: "Señora" o "Princesa" (Bover).
El significado científico de "María" en el idioma hebreo es: "Hermosa" (Banderhewer), pero en el idioma egipcio, que fué donde primero se uso este nombre (Exodo 15,20), "María" significa: "La preferida de Yahvé Dios" .
"Mar" o "Mir", en egipcio significaba la más preferida de las hijas.
A su vez, "Ya" o "Yam", significaba: El Dios verdadero: Yahvé.
Así que MAR-IA, o MYRIAM en egipcio significaría: "La hija preferida de Dios" (Zorell).
El nombre hebreo de María se traduce por Domina en latín; el Angel le da, por tanto, el título de Señora.
(SAN PEDRO CRISÓLOGO, Sermón sobre la Anunciación de la B. Virgen María, 142).
Estas palabras, el Señor es contigo, son las más excelsas que se le podían haber dicho. Con razón, pues, el Angel reverencia a la Virgen, por ser Madre del Señor, y Señora por tanto. Y le es muy propio el nombre de María, que en siríaco quiere decir «Señora»
(SANTO TOMÁS, Sobre el Avemaría, 1. c., p. 183).