San Luis (Argentina) 19 de marzo de 1996
Solemnidad de San José
Protector y defensor
"Hoy terminas tu largo viaje por toda Argentina, con un gran Cenáculo que haces con los Sacerdotes y muchos seminaristas de mi Movimiento. Así celebráis la solemnidad litúrgica de mi castísimo esposo José. Has visto cuán amada y glorificada soy en esta gran nación por tantos hijos míos. Esta tierra es amada y protegida particularmente por Mí, y Yo la cultivo con especial cuidado en el seguro refugio de mi Corazón Inmaculado.
Deseo que aquí mi Movimiento Sacerdotal Mariano se difunda todavía más. Pido que se multipliquen por todas partes los Cenáculos familiares, que Yo os ofrezco como ayuda poderosa, para salvar a la familia cristiana de los grandes peligros que la amenazan.
Confiaos a la poderosa protección de mi castísimo esposo José. Imitad su silencio laborioso, su oración, su humildad, su confianza, su trabajo.
Imitad su dócil y preciosa colaboración al designio del Padre Celestial, dando ayuda y protección, amor y apoyo a su divino Hijo Jesús.
Ahora que entráis en los tiempos dolorosos y decisivos, confiad también a él mi Movimiento.
Él es el protector y defensor de esta Obra Mía de amor y de misericordia.
Protector y defensor en los dolorosos acontecimientos que os esperan.
Protector y defensor contra las numerosas insidias que de manera astuta y peligrosa, os tiende siempre mi adversario y vuestro.
Protector y defensor en los momentos de la gran prueba, que ahora os espera, en los últimos tiempos de la purificación y de la gran tribulación.
Mientras manifiesto mi gratitud a la Nación Argentina, por el homenaje de amor y de oración que he recibido por todas partes, con Jesús y mi castísimo esposo José os bendigo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo".
¡Oh dulce Corazón de María, sed la salvación mía!
Soy y siempre quiero ser Todo Tuyo María, Madre mía, y que todo lo mío sea tuyo.
Dios planeó desde toda la eternidad la obra de la Encarnación del Verbo como culminación de la creación del Universo; y como quiera que en la mente sapientísima de Dios cabía simultáneamente la previsión del mal del hombre y de su restauración por medio del mismo verbo revestido de carne mortal, dentro de esta visión divina estaba también con preponderante papel, la persona y la misión de María Madre del Verbo hecho carne. Así, pues, la razón misma de ser de la Virgen María estaba en los designios de Altísimo aún antes del tiempo, en su carácter de Madre del Verbo Encarnado.
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