Dogma es una verdad que pertenece al objeto de la fe de una manera irreversible. Todo dogma ha sido revelado por Dios de una manera explícita o implícita. Y ha sido solemnemente definido por el magisterio de la Iglesia o propuesto como tal por la tradición invariable de la misma Iglesia. Negar algún dogma equivale a negar la misma fe, pues supone negar la autoridad de Dios, que lo ha revelado.
No todo lo que Dios ha querido manifestarnos está en la Escritura. Hay que contar también con la Tradición. Ambas son fuentes de revelación. Apoyándose en ellas, y con el uso de la razón, la Iglesia explicita, enriquece y en cierto sentido traduce para los fieles el mensaje cristiano primordial. El Vaticano II, en la Dei Verbum, lo resume así: «La teología se apoya, como en cimiento perdurable, en la Sagrada Escritura unida a la Tradición; así se mantiene firme y recobra su juventud, penetrando a la luz de la fe, la verdad escondida en el misterio de Cristo» (No. 24).
La teología nos presenta el retrato espiritual de María. Y ello a base de ciertos trazos, unos más importantes que otros. De entre aquéllos -a los que llamamos verdades fundamentales- hay algunos que reciben el nombre de dogmas.
Los Dogmas Marianos son:
        La Inmaculada Concepción
        La Maternidad Divina
        La Perpetua Virginidad
        La Asunción de María
Santísima Virgen María
Dogmas Marianos