DIOS ES INTRODUCIDO EN LA HUMANIDAD
A TRAVES DE MARIA
CM-26 25-Mar-97 (En el día de la Anunciación)
Jesús
Quiero volver a hablarles de Mi Madre… Bajo la guía materna todo
hijo puede llegar a crecer fuerte, vigoroso, si ha tenido vitalidad sana la
madre en el momento de la concepción.
Nací de una Virgen Purísima y bajo todo aspecto sana y Santa. Tomé
Su vigor físico y una vitalidad que debía representar a todos los
hombres.
Todo lo debo a Mi Madre, que lo fue sólo por virtud divina.
Quien niega la Virginidad de María, Mi Madre, está equivocado, puesto que
considera imposible una creación sin concurso paterno.
Sin embargo, aquel que niega la Virginidad de Mi Madre, intente añadir un puñado de
tierra al globo terrestre, intente añadir una lengua de fuego al sol que lo
ilumina. ¿Qué habrá logrado? Tomar un poco de tierra de un lado y
ponerlo en otro; dar al sol una llama que anteriormente donó el sol…
¿Entonces?
Sucede que el hombre no haría nada de nuevo, porque se serviría de
las cosas que a él le dieron. Por tanto, no crearía nada, porque tomaría de
aquí y de allá y únicamente cambiaría de puesto las cosas, pero nada
añadiría, nada crearía.
Y Yo, que Soy el Creador, ¿podría suprimir por una vez la ley que
He dado y que mantengo? Quise, pude y lo hice porque así convenía. He
dado eficacia divina y He puesto cambio en las leyes humanas para
formar la humanidad especialísima que no habría tenido nada que no
sea relacionado directamente con la Divinidad. ¿A quién ha fastidiado la
Virginidad de Mi Madre?
He querido anteponer esta afirmación de la Virginidad de María a
pasajes de Mi vida, porque todo hijo digno defiende a su madre de los
ataques que le hacen los que no la comprenden, y todo hijo bueno siente
que debe mucho de sí a su madre. Defiendo a Mi Madre con el poder que
He tenido en el Cielo y en la tierra y no tardo en abatir a quienes la
ofenden. Abatir con la gracia o con la justicia.
Mi Madre, ¡Qué bella era en Su esplendor virginal, cuando Me
llevaba en su seno, nutriéndome con Su sangre! ¡Cuán delicada, cuando
ocultamente adoraba y se humillaba sabiendo que tenía en Sí misma a Su
Creador!
Hablaba Conmigo íntimamente, Me sujetaba a Sí, mientras Yo
dependía de Ella; Me nutría mientras Yo nutría Su alma. Ella Me
gobernaba a Mí, que gobierno el universo y, desde entonces, todas las
cosas que le He dado han pasado a Sus manos como Su propiedad.
Ustedes saben, hijos Míos, que entre todos fue colocada a Mi diestra.
Sin embargo, ¿quién creería que cuando Yo crecía en Ella le fueron
reservadas ásperas críticas y amargas perversidades?
El mundo es lo que es y la Madre de Dios era incomprendida. Yo no
callaba si alguno se permitía ofenderla; a cada palabra irrespetuosa, Mi
alabanza prorrumpía cálida, afectuosa, clara, de Mi pequeño Corazón,
entonces en formación.
Comenzó Mi vida oculta en la relación filial que mediaba entre
ambos; porque si vine por todos ustedes, oh hombres, más todavía vine
por María, a quien amo por encima de toda criatura. Debía ocuparme de
ustedes, pero antes de Mi Madre. Ciertamente por diferentes motivos,
pero siempre con la predilección que He tenido por Ella.
Cuánto quisieran saber ustedes acerca del tiempo que pasé en Su
seno como un cuerpito que se formaba, especialmente en las relaciones
con la Divinidad de Mi Padre y la Maternidad de Ella… Yo mismo,
verbo hecho Hombre, les contaré algunas.
Gabriel trajo a María el anuncio que saben. Ella aceptó y por eso
inmediatamente tomé forma en Su seno virginal. El primer movimiento
de vida que tuve, en cuanto hombre, fue en el instante en el que Ella dijo
"fiat".
Pequeños Míos, contemplen la grandeza inigualable de Mi Madre.
Criatura frágil en sí misma, pobre e impotente. Pronuncia una palabra,
expresa Su voluntad y, con Su "fiat", Me trae al mundo a Mí, el Cristo
esperado, el Hijo del Padre hecho criatura humana.
Mi Madre no creó con Su "fiat", pero Su voluntad unida a Mi
Omnipotencia lleva a cabo un acto creativo que es superior a la Creación
del mundo y de cuanto en él se contiene.
Yo hice el sol, los astros, los cielos, la tierra, el agua, las plantas, pero
todo ésto perecerá en el caos final. María Ha sido llamada a participar en
Mi acto creativo con el cual Me hice a Mí mismo Hombre. Acto de
infinito poder, acto en el cual Mi Madre obró y quiso obrar a semejanza
Mía, que creó de la nada.
Y así fue. María, Madre solitaria, Madre sin concurso de hombre;
movida por Mí, quiso libremente que Yo naciese en Ella. Por eso Su acto
es el más semejante a Mis actos, porque Yo creo siempre en Mí mismo,
porque nada de lo que hago sale fuera de Mí. Así fue en María, que tuvo
la omnipotencia participada, que prestó, que donó Su humanidad a Mi
Divinidad.
Heme aquí, Hombre entre los hombres, Criatura entre las criaturas,
Hijo entre los hijos de los hombres, pero permaneciendo Hijo Eterno del
Padre. En un principio, cuerpo informe; luego, gradualmente, pequeño
niño, hasta la completa manifestación de Hombre en el cual se posaba
toda la complacencia del Padre.
Entonces era natural que, apenas tuve una palpitación de vida, todo
lo refiriera a Aquel de quien descendí y al Cual debía el homenaje y el
amor de Hijo consustancial a El. Por lo tanto, Mi primer acto humano,
mientras todavía estaba oculto en el seno de María, fue de humildad;
acto en el cual no estuve solo sino unido a Mi Madre que, a partir de
entonces, participó de manera inmediata en todos Mis actos.
Me sometí todo Yo al Padre y le di el completo dominio sobre Mí,
hecho Hombre. En seguida, le confirmé el amor que Nos unía en relación
de la Divinidad común. El estuvo satisfecho por sí mismo y por los
hombres, a quienes Yo representaba.
Hijos Míos, deben saber que este primer acto de sumisión y amor al
Padre, fue también de reparación por la rebelión de Lucifer y sus
secuaces y también por las rebeliones de ustedes por lo cual, en aquel
instante, los espíritus rebeldes del infierno se retorcieron de rabia y furor,
tratando inmediatamente de vengarse de Mi Madre. ¡Infames criaturas
que solamente buscan venganza!
¿Puede el Dios del amor acceder a sus requerimientos? ¿Puede el
Dios del perdón conceder al infierno la expresión rebelde de sus
voluntades llenas de odio? No puede, apenas lo permite muy
limitadamente en comparación con los desenfrenados deseos de los
miserables condenados. Pero queda el hecho importante que un Hombre
ha reparado las ofensas hechas por esos espíritus rebeldes y ésto es gran
escarnio para ellos.
Mi misión era -efectivamente- antes que redimir a los hombres, la
de devolver el equilibrio en la creación universal. Equilibrio que había
sido roto por Lucifer.
Pero Yo había descendido por el Padre antes que por las criaturas y
al Padre Me He encaminado todo Yo sin perder de vista al hombre y al
Angel rebelde.
Así, al anuncio de Gabriel, el cielo pidió a una Mujer el asentimiento
para obrar los fines preestablecidos, de modo que esta Mujer fue elevada
al plano divino y vino a ser parte necesaria, como querida por Mí, en el
restablecimiento de todas las cosas que Yo mismo inicié encarándome en
Ella.
Aquí está la razón por la cual María está presente en toda
manifestación Mía que se relaciona con la Redención. Y si Yo He
exaltado así a una Criatura Mía, aquel que se opone a Mi Querer de
glorificación de Mi Madre caerá miserablemente.
Solemnemente les digo que, quien desprecia a Mi Madre y se obstina
en ofenderla, perecerá para siempre.
Por eso Me alegraré siempre que alaben a la que Me hizo y seré
pródigo con quienes la aman y la hacen amar.
Y ahora que les He hablado suficientemente de Mi Madre, de cuyo
amor Yo gozo inmensamente, les explicaré el misterio de la sombra
protectora del Espíritu Santo sobre Ella, misterio anunciado por
Gabriel…
El Padre vive de Su propia vida y Su vida es el conocimiento y el
Amor de Sí mismo. En esta vida Suya se encierra Su infinito bien, Su
infinito gozo, el poder infinito que le es propio. Deseando participar Su
vida, Su bien, el Padre crea, pero el acto está todo en Su Voluntad, es
decir, en Su amor que es el Espíritu Santo.
Por todo ésto, la protección de Su sombra significa el acto de Amor
con el cual el mismo Espíritu Santo Ha obrado, directamente y sin
concurso de hombre, Mi encarnación. De manera que el increado se hace
creado en virtud de un acto de amor completa y exclusivamente divino,
siendo ésto conveniente a Mi misma divinidad; y se realizó en una
criatura que había hecho voto de perpetua virginidad, precisamente
porque Mi Querer excluía cualquier intervención humana, aunque
requerida en el último momento como simple consentimiento.
La intervención importante del Espíritu Santo en Mi Concepción
debía demostrar que el Hijo, hecho Hombre, es fruto esencialmente
divino. Todo hijo es fruto de amor y también Yo Soy fruto del amor
infinito de Mi Padre, brotado de la donación total de Mi Purísima Madre.
Esta Mi Humanidad, ahora gloriosa, ascendió a realeza de la paridad
con Dios y se convirtió en espejo de la misma Divinidad, ya que el Padre
ve en Mi Humanidad Su misma Paternidad; el Hijo, que asumió la
Humanidad, ve en Sí mismo la filiación increada y la creada; el Espíritu,
luego, goza infinitamente reflejándose en Mí como Hombre, en cuanto
que se complace en el fruto de Su mismo amor.
En la Trinidad, Nosotros vivimos en Unidad y Nos reflejamos en Mi
Humanidad sublimada en la triple relación con la Divinidad, por la cual
el Trino se reencuentra en el único Hombre que fue concebido, nació,
vivió, murió y resucitó para glorificar siempre a Mi Padre, la Luz y el
Amor Mío…
Cuando hablo de Mi Madre el campo es inmenso, Mi afecto
inconmensurable; pero si hablo de mi Padre, de Mí mismo, Verbo y del
Amor infinito, entonces el campo de verdad es infinito y como el campo
materno, para Mí, es indivisible del amor divino, por estar eternamente
asociados el uno al otro; fácilmente pueden creer que en Mí, Hombre, se
Ha obrado el más grande prodigio de amor; el amor infinito, unido,
ligado a un amor de Hombre, sobrenatural y también humano, cuya
intensidad supera el conocimiento de los más excelsos Serafines.
Todo ésto He querido decirles para dar una idea de los sentimientos
del pequeño que iba a nacer: Yo. Tal vez piensen muchas veces en Mí y
en Mi Madre con ternura, sin alzar su mirada a la realeza, a la nobleza, a
la divinidad de Mis sentimientos de Hombre y de los de María.
Verdaderamente es indecible todo lo que pasó en Mi Espíritu cuando
vine al mundo; pero sobre los indicios de lo que hasta ahora les He dicho
y con la luz que les daré, pueden formarse una idea sustancial de Mí y de
Mi Madre, quien participaba y participa de modo directo e inmediato de
todo lo que es Mío…
Y ahora, a ustedes, que han dejado todo por estar Conmigo, voy a
relatarles algunos pensamientos que mediaron entre Mí y mi Padre.
Estas fueron Mis primeras palabras de Hombre que le dije apenas
creado: "Padre, Te adoro en la verdad, en la bondad, en el Amor, en esta
Criatura que Me alberga. Padre, Te bendigo en la luz, en la caridad, en el
mundo, sobre los espíritus rebeldes, por los espíritus que esperan. Padre,
Te amo por Ti mismo, en Mí, en el Amor; por María, por los hombres,
por los malos, por los que Me esperan en el Limbo, por los espíritus
bienaventurados; en la luz, en el Amor eternamente. Soy Tuyo y, por
siempre, nada nunca Te desagradará en Mí, como todo Me agradará en
Ti. Quiero Mi actual ocultamiento para el conocimiento que deberán
tener de Mí los hombres, especialmente en el Calvario. Oculto o
conocido, amado o despreciado, siempre Te amaré: en la luz, en la paz,
en el Espíritu"…
Hijos, estos Mis primeros pensamientos de Hombre constituyen el
primer puente de unión tendido desde la humanidad perdida hacia la
Divinidad ofendida, pero amante de todas las criaturas… Fui puesto en
el mundo cuando el hombre creía igualarse a Dios, pero lo hice
ocultamente, para reparar la soberbia y el desorden. Me hice carne para
levantar los espíritus, Me abajé para exaltarlos.
Oh, hombres, oh jóvenes, ¿por qué se detienen, por qué no creen, por
qué Me combaten? Los He hecho nobles, pero ustedes Me querrían
deshonrar, Me querrían olvidar. Me He sometido a ustedes, de tantas
maneras, para hacerme apreciar, para hacerme creer, para hacerles el
bien que Yo sólo sé hacer. ¿Por qué entonces no se deciden? ¿Tal vez
encontrarán otro Dios que los contente?… Son siglos que tratan de
construirse un Dios y siempre se engañan, porque el único y verdadero
Soy Yo. Yo, pequeño niño, escondido en el seno de una Virgen.
Si se unen a Mí, podrán elevarse en el Reino que más desean: el del
Amor. Si les interesa la gloria, les digo que Yo Soy la esencia de la Gloria;
si les interesa la riqueza, recuerden que Yo tengo todo y todo será de
ustedes; si les interesa el saber, ¡oh!, entonces no olviden que Yo Soy la
Sabiduría infinita y que ustedes podrán llegar a ser faros de luz, soles de
belleza. Pero, es el amor lo que los atrae; es el amor lo que los atormenta:
vengan, entonces. Vengan a este Dios Niño que los introduce en el
infinito Amor.
Muchos siglos antes de Mi venida al mundo, otro niño, que Me
simbolizaba, fue abandonado en las aguas del Nilo, que lo transportaron
recostado en una canastilla. Moisés, el salvado de las aguas, era el
enviado de Dios y llegaba solo entre gente desconocida. Así también
llegué solo al mundo, entre gente que no Me conocía, para revelar en Mí
la Divinidad y hacer apreciar Su bondad.
Los judíos hubieran querido que el liberador del Cielo, el prometido
de Abraham, el hijo de David, fuese un caudillo humano. Estaban
cegados por la materia y cambiaban el tiempo por la eternidad, la cual en
nada se parece al tiempo, como las rudas cabezas de Mis coterráneos
codiciaban.
Todo lo sabía y desde Mi concepción Me preparaba, como Hombre, a
vencer la resistencia de los judíos. Por estos motivos, las primeras
oraciones que dirigí al Padre fueron en pro del pueblo escogido.
Cuando tenía pocos meses de vida en el seno de Mi Madre, José fue
elegido para custodio de María y Mío, y fue entonces cuando la Virgen
Madre se dirigió a la casa de Su esposo, quien ya estaba en conocimiento
del origen divino de la Maternidad de su esposa. Este hecho, Me dio
ocasión de hacer hablar a Mi Madre para elogiar a José. Escogido entre
miles, José representaba la tradición judía entendida en el mejor sentido.
Fue sencillo y fiel a Dios y ayudaba con alegría a Su esposa en una
maravillosa entrega.
Yo mismo los guiaba invisiblemente por los senderos del Amor
divino, en el cual debía sobresalir como estrella de primera magnitud.
Fue un gran disgusto para él saber que Mi Madre estaba encinta antes
del matrimonio pero, ayudado por Mí, sobre la palabra del Angel, creyó
y pasó de la pena a la más inesperada alegría.
Ser padre antes de tiempo fue motivo de comentarios más o menos
falaces, especialmente por la encantadora joven con la que se había
desposado. Sepan, hijos Míos, que cada día José y María Me agradecían
cordialmente el haber permitido las injustas críticas que se hacían contra
Sus personas y de ésto Yo gozaba inmensamente.
Una noche quise premiar Su amor por Mí. Hice que se apareciera en
sueños a los dos, un chiquito, descalzo y andrajoso, que golpeaba a la
puerta de su pequeña casita. Fue a abrir María y Me preguntó de quién
era hijo. Le respondí que Mi Padre estaba lejos y que Mi Madre no podía
tenerme en su casa porque debía ir a buscar la más bella rosa del mundo
y el más hermoso lirio. Les dije que no habíéndolos encontrado todavía,
esperaba que los dos Me dieran alguna buena idea o consejo. Sonrieron
los esposos y Me abrazaron, primero María, después José, pero Yo
rápidamente salí de la casa dejándolos asombrados. Al despertar por la
mañana, notaron un perfume intenso de rosas y de lirios. Se contaron
recíprocamente el sueño que habían tenido.
De esta y otras muchas maneras, unía cada vez más Sus espíritus,
hasta formar de los dos un sólo amor, todo orientado a Mí.
En aquel tiempo de Mi total ocultamiento, quise actuar también en
otros corazones y preparar el tiempo de Mi venida al mundo. Igual que
el botón de rosa que, antes de abrirse a los rayos del sol, ya contiene en sí
todo su perfume, Mi Humanidad estaba casi lista a difundir entre los
hombres el perfume celestial de la vida divina; pero como la rosa extrae
de la tierra los humores que necesita, así Yo obtenía de Mi Padre la
fuerza y la vida que Me harían único entre los hombres. Por tanto, Mi
pequeño ocultamiento en María no fue una espera inútil para Mi
Espíritu.
Faltando ya poco tiempo para Mi nacimiento, dije al Padre: Naceré
como Hombre para alegría Tuya, a fin de que se cumpla Tu Querer.
Apareceré pequeño para que aparezca grande Tu Nombre que Yo debo
santificar en el mundo. Daré a los hombres el poder de hacer de Mí lo
que quieran; pero Tú, Padre, haz que venga a ellos Tu Reino. Ellos harán
su voluntad, mientras Yo haré la Tuya, como en el Cielo.
Da a José y a María el pan de cada día por Mi amor y perdona a los
que los escarnecen. Soy Hombre y deberé combatir con Tu enemigo;
desde ahora Te Estoy agradecido por el poder que Me Has dado sobre él.
Padre, en el mundo encontraré miserias; las miserias por las cuales Me
Has enviado. Como Dios las venceré, como Hombre las soportaré, como
Dios y Hombre las curaré. Desde ahora Te ruego por los que Me han de
seguir. Sean salvados y Yo los salvaré. Te bendigo, oh, Padre, siempre Te
bendeciré, en la luz en la vida, eternamente…
Cierto pero incomprensible es el misterio de Mi nacimiento. A todos
los fieles que viven verdaderamente de Mí, les doy gran afecto en Mi
Nacimiento, porque siendo el inicio de la Redención de muchos -ojalá y
fuera de todos- es necesario que se le de muchísima importancia.
Aun voy a aclararles más sobre este misterio de cómo Yo pude
haberme unido a una humanidad que, niña o adulta, es siempre una
criatura Mía, es decir, algo más que nada.
El misterio, entonces, es la unión personal Mía, como Verbo eterno,
con la Humanidad que asumí. Los Teólogos lo llaman unión hipostática,
es decir, la unión de dos naturalezas en una sola persona.
Les voy a dar un ejemplo más sencillo. Los expertos agricultores y
jardineros hacen injertos, ¿verdad? Pues bien, el injerto es la unión de
dos criaturas, con el fin de que se produzca una nueva criatura que tenga
algunas propiedades en común con la primera y la segunda, de modo
que la primera recibe un vida extraña a ella. Pero, inclusive, el injerto no
es suficiente demostración de la unión hipostática, porque en el injerto
material se trata de dos criaturas, mientras que en Mí, Dios y Hombre, se
trata de una sola criatura y de su Creador. Además de ésto, la
Humanidad que Yo asumí, de por sí, no habría tenido ninguna
necesidad de unión alguna sino de la natural Conmigo mismo, Creador,
en cuanto que la Humanidad Mía es perfecta aun sin la unión con el
Verbo, perfecta en el Espíritu, perfecta en el Cuerpo.
Voy a darles otro ejemplo que sirva para aclarar sus oscuridades
acerca de Mi unión hipostática.
En el Cielo que está encima de ustedes, existen cuerpos que circulan
atraídos por uno u otro planeta. Cuando la atracción se hace inminente e
irresistible, el cuerpo que vaga en el espacio va a unirse con el planeta
que lo atrae y así vienen a ser un solo cuerpo, con un sólo movimiento,
una sola vida, considerando que la vitalidad del asteroide queda
absorbida en la del planeta que lo atrajo. También Yo He unido Mi
Cuerpo a Mi Divinidad y He insertado el primero en la vida y en el
movimiento que Me son propios como Creador y Glorificador, aunque
permaneciendo completamente Hombre.
Considerando, además, las inmensas fuerzas que He puesto en el
centro de su planeta, encontrarán otra cosa apta para esclarecerlos. Ya
saben que en el centro de la tierra hay fuego, agua y minerales. Encima,
en la costra terrestre, en cambio, tienen otras criaturas que no podrían
vivir en otro lugar.
Pues bien, sabiendo que ya sea en el subsuelo, ya sobre la costra
terrestre, la vida de cada criatura procede simultáneamente, pueden
fácilmente pensar como Yo, tomando su humanidad, He hecho algo
invisible, inconcebible pero real, como el fuego eterno de la tierra, el cual
arde incesantemente y al mismo tiempo, por ejemplo, que los glaciares
que existen sean bajo la tierra o sobre ella. Dos criaturas opuestas, fuego
y hielo, viven cada una su propia vida, pero ambas en un sólo
organismo: la tierra. Y no piensen que sus vidas están del todo separadas
porque el hielo existe en cuanto existía, al principio; el fuego es sólo
fuego.
Es claro que el fuego interno de la tierra no alimenta la vida del
hielo, pero el hecho es que, si no existía antes el fuego, ahora no existiría
el hielo y, por tanto, el agua. Por eso el agua depende del fuego y ésto es
la vida de todo el universo creado.
En Mí, Dios y Hombre al mismo tiempo, está el fuego y el hielo, está
el Creador y la criatura, pero ésta vive en virtud del principio creador y
está informada de la misma vida de Mi Ser, de modo que Mi Humanidad
en la tierra fue un velo movido continuamente por la presencia de Mi
Divinidad.
Hice al hombre a Mi imagen y semejanza y He hecho un Hombre
que no es sólo imagen, sino que es Yo mismo. Por eso obro en Mi
Humanidad con la Omnipotencia, la perfección y la bondad que Me son
propias en cuanto a Dios.
Si quienes ponen en duda la Virginidad de Mi Madre pudiesen
poner la mirada en la sublimidad de Mi naturaleza divina y humana,
indisolublemente unidas en una sola Persona, dejarían de dudar y
encontrarían que Su Virginidad no sólo conviene a Mí y a Ella, sino que
es absolutamente complementaria ante la grandeza de Mi unión
hipostática. En el Cielo sabrán mucho más de todo ésto…
Ahora crean y aun pierdan la cabeza contemplando el misterio de
Omnipotencia de Mi unión hipostática que ha servido de tropiezo a
Lucifer y los suyos.
Llegado Mi tiempo, quise nacer en Belén y predispuse a Roma para
el censo. Fue un símbolo con el cual tenía la intención como de reunir a
los hombres para dar a muchos la sensación de Mi llegada a ellos. Pero
no comprenderían y, para despertarlos, ya se movían hacia Jerusalén los
Magos que provocarían las investigaciones de los Sacerdotes judíos en
las Escrituras. Sin embargo, también estos últimos permanecieron
insensibles. Conmigo no estarían sino María y José. En efecto, en Belén
Me esperaba la incomprensión para acompañarme hasta la Cruz.
De Mi nacimiento, hijitos, aprendan que para agradar al Padre es
necesario en cierto modo morir; como que también en la muerte, si es
semejante a la Mía, encontrarán la Vida Eterna. ¿Quién de ustedes quiere
nacer muriendo? Nadie lo querría si Yo no interviniese con persuasión y
energía. Pero Yo sé cómo hacerlos aceptar lo que no quisieran y no los
dejo solos. A cada uno, la medida necesaria; a todos, Mi comprensión y
compasión.
No se asusten de la lucha porque no es eterna y, sobre todo, porque
es necesaria. El hombre que lucha consigo mismo puede vencer y puede
perder, lo esencial es que tenga la última victoria, y deben creer que para
alcanzarla es necesario comprobar la propia impotencia. Recuerden,
luego, que Yo les garantizo amor aun cuando no les parezca que son
amados por Mí.
Mírenme, oculto en el seno de María. Yo ya hablo de Mí callando,
esperando, orando por ustedes al Padre. Yo ya los invito a reflexionar
que quise nacer para hacerme conocer con ustedes. ¡Qué alegría para Mí,
y también para ustedes, si Me aprecian! ¡Qué fuerza recibirán si Me
acogen confiados! Piénsenme oculto, pero presente; presente, pero
invisible. Después Me apareceré a ustedes, no teman, los consolaré y
también les sonreiré.
Almas Mías, amadas, Yo no hablo para Mí sino para ustedes:
¡créanme, los amo! Y no poco, sino infinitamente…
Entre todas las criaturas, la más amante es Mi Madre. Antigua
verdad, ésta, para los cristianos; pero, para poder entenderla haría falta
la luz que Me es propia. Por esta razón es bueno observar a Mi Madre en
lo que Ha hecho, Ha dicho y en lo que Ha sufrido. Todos los que la
aman, escuchen.
Conocida la noticia del censo, verificó que el viaje a Belén coincidía
con la época de Su parto. Primera contrariedad aceptada plenamente por
Ella. Profecías y hombres querían que Yo naciese donde Judá plantó sus
tiendas. También Yo, como Hombre, pude querer tener origen
puramente judío, además de estirpe real. Pero mientras más grande es la
confianza del hombre, mayor debe ser la prueba a la que Yo los someto.
Llegados a Belén, los santos esposos no encontraron albergue. Y
María, cada vez más abandonada a Mí, se adaptaba a todo. Los reyes y
sus madres gozan de las comodidades de los Palacios; el Rey y la Reina
del Cielo han gozado de la absoluta pobreza, del albergue improvisado,
de la piedad de una jovencita que se preocupó de procurar albergue a Mi
Madre en espera de Mí. María no habla, espera, pero en Su espera está
toda la seguridad de la Madre del Creador, hecho Hombre, a la cual
nada le faltará de lo que es indispensable. José tembló primero, luego se
serenó. Ahora, el esperado de los siglos podía presentarse al mundo
cubierto por Su espléndida vestidura: un pobre que nace en pobres
condiciones, lejos del bienestar, humilde hasta el exceso.
María callaba, pero estaba emocionada; Eloé, la mujer que Nos
procuró el albergue, estaba encantada mirando la belleza de Mi Madre.
José, un poco aparte, tenía el corazón que se le saltaba.
Llegada la hora, María apoyó Su rostro en la mano derecha. Un
instante y el Hijo de Dios se presentó al mundo. ¡Hombres, tengan
esperanza! ¡La salvación está entre ustedes! Entre todos, nació el más
bello, ¿quién no lo sabe? Sin embargo, de nada valdría ser bellos si no se
ama. ¿Pero, puede un niño demostrar que ama? Esto fue posible para Mí,
si bien Me escondía bajo el velo de la infancia.
Ve a dormir, gracias Mi niña por tu sacrificio, Yo velo tu sueño.