En la Siria del siglo IV san Efrén la llama Bienaventurada, y en el cerro del Tepeyac Juan Diego Cuautlatoatzin une al coro de esas voces el coro de su voz llamándola reina, muchachita mía, mi jovencita, hija mía la más pequeña, niña mía... san Bernardo le asegura: Sí, Señora mía, todas las generaciones te llamarán Bienaventurada, porque a todas les diste la vida y la gloria (In Pent., I,2).

En 1125 el abad Francón de Afflighem escribía: "Con toda razón todo estado, toda edad, toda profesión honra a María". Incluido Mahoma, que le dice en cierta ocasión a su hija predilecta: "Fátima, tú en el paraíso serás señora de todas las mujeres, después de María".

Desde que profetizó su bienaventuranza, del uno al otro confín de la tierra, en lo más alto del cielo y en lo más profundo de los abismos, todo pregona y exalta a María.

Los nueve coros angélicos, los hombres y las mujeres de toda edad, cultura e incluso de toda religión, sabiéndolo o sin saberlo, y hasta los mismos demonios, por contraste y por la evidencia de la verdad, se ven impelidos a proclamarla Bienaventurada… un hadid, es decir, un texto de la tradición islámica proclama que "todo hijo de Adán, apenas nacido, es tocado por Satanás, con excepción del Hijo de María y de su Madre".

Y el mismo Corán la honra cuando dice: "Oh María, Dios te ha escogido, te ha hecho pura y te ha elegido antes que a todas las mujeres de todos los mundos".

Toda la tierra está llena de su gloria, particularmente donde se la ha escogido por tutela y patrona. No hay templo sin altar en su honor, ni comarca donde no se dé culto a alguna de sus imágenes milagrosas; ahí se alivian las penas y se otorga todo bien.

Cofradías, congregaciones, institutos bajo su protección, miembros de asociaciones piadosas, religiosos en todas las Órdenes.
Todos publican sus alabanzas y proclaman sus misericordias.
Ni hay siquiera un niño que, al balbucir el Avemaría, no la alabe.
Ni apenas un pecador que, aunque obstinado, no conserve alguna chispa de confianza en Ella.

Sin embargo, no se agotan los tonos de alabanza ni se apagan las voces de los cantos que la llaman Bienaventurada: "es, por tanto, justo y necesario repetir con los santos: de Maria numquam satis.

María no ha sido aún alabada, ensalzada, honrada y servida como se debe. Merece aún mejores alabanzas, respeto, amor y servicio" (SAN LUIS MARÍA GRIGNION DE MONTFORT, Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen, n. 10).

Hoy, los que leemos esto, en el país, ciudad y momento preciso en que nos encontremos, nos sumamos al clamor que recorre mentes y corazones proclamándola Bienaventurada.
 

(FUENTE: CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO)
Santísima Virgen María
Bienaventurada Virgen María
BIENAVENTURADA VIRGEN MARIA

Montfort se goza sabiéndose parte del vaticinio que María pronuncia en casa de Isabel: me llamarán Bienaventurada todas las generaciones.

Fue la misma Isabel quien inauguró en Ain-Karim esa letanía que, como música de fondo, recorre desde entonces todos los países y todos los corazones.

En 1703, el santo francés la proclama Bienaventurada cuando predica en Poitiers, y a partir de 1706 que vuelve de Roma la sigue llamando Bienaventurada en Bretaña, Poitou y Aunis, y en esas regiones por él misionadas se le sigue hoy llamando Bienaventurada.